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Si bien se sabe hubo muchos intentos individuales de armar autos en Argentina entre fines del siglo XIX y principios del XX, el primer caso documentado corresponde al del ingenioso mecánico español llamado Celestino Salgado.
 
En 1901, Don Celestino armó en un taller de Buenos Aires un vehículo para cuatro pasajeros dotado de un motor a vapor de 6 HP con componentes de origen europeo y nacionales. El automóvil, adquirido luego por Enrique Anchorena, recibió una amplia cobertura en los medios de prensa locales que incluía fotos y datos técnicos, se destacaron tanto el esfuerzo del constructor como las cualidades del vehículo. La popular revista "Caras y Caretas" publicó que "era elegante de forma, pintado de rojo y tapizado de marroquí color lacre". Ese mismo año y conducido por Eugenio Cassoulet ganó la primera carrera de automovilismo de Argentina realizada en el Hipódromo de Belgrano. En esta oportunidad estuvo equipado con un motor a explosión Rochester y aventajó a sus otro siete rivales todos ellos con vehículos equipados con caldera.
         

Manuel Iglesias y el primer auto íntegramente nacional

                   
Sin embargo, el primer auto fabricado en Argentina con componentes nacionales fue obra de otro inmigrante español, Manuel Iglesias. Nacido en Carbia, Pontevedra el 22 de enero de 1870, Don Manuel arribó a nuestro país en 1884 e inmediatamente comienza a trabajar en una chacra de la localidad bonaerense de San Isidro. Poco tiempo después se traslada a San Martín con una carta de presentación escrita por sus padres y un amigo le da albergue y trabajo en una carpintería donde rápidamente aprende el oficio. En 1889 ingresa al Departamento de Ingeniería de los talleres ferroviarios del FCCA de San Martín donde toma contacto con la tecnología de punta en ese momento vinculada a la máquina de vapor para uso ferroviario. Completa su formación de mecánico con la lectura de revistas y libros de física y mecánica. En sus ratos libres construye un torno a pedal y con este parte del mobiliario del dormitorio y comedor de su casa.
 

A fines del siglo XIX logra comprar su primer motor a explosión con el que realiza las primeras experimentaciones. Poco tiempo después pide el pase a Campana ingresando al departamento de coches y vagones del FCCA. Se instala con su familia en la casa de Colón nº 226 de esa ciudad. Influenciado por las notas sobre automóviles y aviones publicados por la revista Caras y Caretas, surge en Iglesias la idea de construir su propio automóvil.

 
 

El auto

En 1903 comienza la planificación y construcción de las primeras piezas de su vehículo utilizando el torno a pedal y su propia casa de la calle Colón como taller.
El diseño era utilitario y simple. Se trataba de un vehículo con capacidad para dos personas construido sobre un chasis rectángular de largueros, un eje rígido adelante que incorporaba la dirección y un eje trasero con diferencial. Equipado con un motor monocilíndrico con válvula de escape a la cabeza y ubicado en la parte delantera. El cilindro era ciego, es decir sin tapa postiza y la cámara de combustión estaba dividida en dos partes. La superior albergaba al pistón y la válvula de escape, en tanto la inferior forma la antecámara que aloja la válvula de escape y la bujía de encendido. El arranque del motor se realizaba por manivela. El vehículo carecía de acelerador y el regulador de revoluciones mantenía constante el giro del motor en 400 RPM. Podía alcanzar los 12 km/h.
El asiento del conductor estaba realizado íntegramente en madera, su forma se asemejaba a un banco con respaldo y contaba en su parte inferior con un espacio cubierto para guardar diversos objetos. Las ruedas eran de rayos de madera con llantas de hierro sin cubiertas. En su trompa alojaba los tanques de agua y nafta. Una detalle importante es la ausencia total de rodamientos, todos los puntos de fricción eran absorbidos por bujes de bronce. Exceptuando la bujía y el magneto, el resto de las piezas fueron construidas artesanalmente por Manuel Iglesias.
Fienalmente, el 20 de noviembre de 1907, luego de cuatro años de intensa construcción, Iglesias, junto a su esposa que ese día cumplía años, recorrió con su auto las polvorientas calles de Campana
ante el alboroto y asombro de sus vecinos.

Motor
Vertical de 1 cilindro de producción propia
Diametro del cilindro:
114 mm
Carrera:
130 mm
Cilindrada:
1938 cm3
Volumen de cámara y precamara de combustión:
620 cm3
Relación de compresión:
3 a 1
Alzada válvula de escape:
10 mm
Regulador de RPM:
Tipo Watt
Engranaje del cigüeñal:
16 dientes
Engranaje de leva de escape:
32 dientes
Regulador de RPM
Tipo Watt
Alimentación
Por gravedad.
Carburador ascendente de nivel constante.
Capacidad del tanque de combustible: 16 litros.
Encendido
Original por chispero, luego 4 pilas de 1.5 voltios con bobina Rumkorf y bujía de alta tensión. Finalmente utilizó un magneto Bosch sin disparador.
Transmisión

Marcha adelante y contramarcha. Caja de velocidades con 5 engranajes tallados a mano.
Diferencial de engranajes tallados a mano, con piñón de 11 dientes y corona de 48.

Dirección
De piñón (9 dientes) y cremallera (18 dientes) tallados a mano.
Embrague
Monodisco de cuero diámetro 300 mm
Prestaciones
Velocidad máxima (aprox.)
12 Km/h
Chasis
Hierro ángulo de 50.8 mm.
Largo 2600 mm; ancho 730 mm.
Frenos
De pie al cardán construidos en cuero. Diámetro 160 mm. Ancho del suncho de freno: 40 mm
Ruedas
De madera, llantas de hierro
Refrigeración
Por termosifón
Suspensión
4 elásticos semielipticos de 6 hojas cada uno. Largo 840 mm, ancho: 50 mm.
Dimensiones (mm)
Largo:
2800
Trocha:
1080
Diámetro rodado delantero:
630
Diámetro rodado trasero:
730
Distancia entre ejes:
1930
 
 
 

Olvido, restauración y Ley Provincial

Pocos años después, Iglesias decide desmantelar el auto y utilizar su motor para hacer funcionar una bomba de extracción de agua y una sierra para cortar leña. En 1950 cuando cumplía 80 años su hijo Juan Carlos vuelve a poner en marcha el motor.
Don Manuel Iglesias fallece en San Martín el 15 de enero de 1955, ignorando por completo las trascendencia de su obra.

En 1971 el Ingeniro Lucius, director del Instituto Americano de Motores, donde Juan Carlos Iglesias (duodecimo hijo de Don Manuel) era profesor de la cátedra de motores diesel, decide restaurar el vehículo y lograr su reconocimiento como primer automóvil argentino. Para ese entonces sólo se encontraban en perfecto estado y funcionamiento el motor, el diferencial y parte de la caja de velocidades. Se inician gestiones ante las autoridades nacionales del Rotary Club, se busca documentación y testimonios de testigos de la época. Entre 1972 y 1973 se resconstruye por completo el auto y se crea una comisión para construir un monumento que finalmente se inaugura el 25 de noviembre de 1973 en la plaza Eduardo Costa de Campana. El 2 de octubre de 1975 la legislatura de la Provincia de Buenos Aires, aprobó el proyecto presentado por el senador Don Julio Armesto, sancionando la ley Provincial 8501, por la cual la ciudad de Campana fue oficialmente declarada "Cuna del Primer Automóvil Argentino" y se instituye el último domingo de cada mes como "Día del Automóvil Argentino". Actualmente, la obra de Don Manuel puede ser apreciada en el Museo del Automóvil de esa ciudad.

 

Anasagasti y la primera producción seriada

             
El primer intento de fabricar autos en serie en Argentina correspondió al proyecto del joven Ingeniero Horacio Anasagasti. Egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1902, pocos años mas tarde emprende un viaje a Italia para realizar cursos de perfeccionamiento en la empresa Isotta Fraschini de Milán. A su regreso forma una sociedad con Ricardo Travers y José Gálvez. Consiguen la representación de Isotta Fraschini y las marcas Gregoire y Gordon Brillé. Además de automóviles, la sociedad vendía diversos componentes y accesorios contando también con modernas instalaciones para fundir bronce y aluminio donde empleaba 10 obreros.
 
   
Sin embargo, el plan de Anasagasti era la fabricación de autos en serie y en 1909 decide abandonar a sus socios y emprender la tarea de constructor. Sobre la entonces Avenida Alvear al 1600 (hoy Libertador) levanta una fábrica y funda la empresa Horacio Anasagasti y Cía. Ingenieros Mecánicos. El plan era producir a partir de componentes importados, especialmente de Italia y Francia y paulatinamente reemplazarlos en la medida de lo posible por insumos nacionales. Desde sus comienzos, Anasagasti dotó a su establecimiento de un importante plantel de maquinarias impulsadas por un gran motor eléctrico de corriente continúa que movía una transmisión aérea, la cual a través de correas de cuero, movilizaba las máquinas correspondientes. Para el carrozado de los vehículos, el taller incluía también una sección destinada a los trabajos de carpintería, chapa y pintura.
 
   

El personal de la fábrica totalizaba las veinte personas, la mayoría eran inmigrantes europeos con algún tipo de especialización, entre ellos españoles, franceses e italianos. El trato de Anasagasti era ejemplar y daba las instrucciones a los operarios en sus respectivos idiomas ya que dominaba a la perfección el inglés, el francés y el italiano.

En la Exposición Internacional de Ferrocarriles y Transportes Terrestres realizada en Buenos Aires en 1910, la empresa Anasagasti y Cía. exhibió algunos de los componentes para automóviles producidos en su taller, entre ellos una caja de velocidades de cuatro marchas y retroceso y un motor de cuatro cilindros en línea de diseño y construcción propia a partir de acero importado. Estos elementos estaban cuidadosamente presentados y protegidos mediante paneles de vidrio abulonados en sus bordes para que los visitantes pudiesen apreciar su funcionamiento interno. El jurado de la exposición le otorgó el Diploma de Gran Premio, el máximo galardón reservado a la industria nacional en la sección automovilismo.

 
   

Los éxitos deportivos

Apasionado de las carreras, en septiembre de 1911, el Ingeniero Anasagasti participó de la prueba Rosario-Córdoba-Rosario. El auto poseía un motor francés Ballot de 12 HP de cuatro cilindros lineales refrigerados a agua por termosifón, con 75 mm de alesaje y 120 mm de carrera, es decir una cilindrada total de 2.125 cc. Las válvulas eran laterales ubicadas a un mismo costado del block.

Anasagasti se propuso demostrar que sus automóviles eran tan confiables como los importados. Para ello viajó a Europa donde participó de varias competencias para automóviles de turismo. La prueba mas exigentes fue la del Tour de France sobre 5.500 km. de recorrido. Tres autos con motores de 15 HP fueron conducidos por el Ingeniero inglés Brown, el Marqués D’Avaray y Jacques Repousseau, finalizando entre los primeros y sin puntos en contra, superando a marcas europeas y norteaméricanas.

 
   

Al regresar de Europa Anasagasti se preparaba para le presentación comercial al público de sus autos. El taller ya producía blocks, carters, bielas, cigüeñales, cajas de velocidad y sus engranajes, puntas de eje, elásticos, palieres, ejes cardán y sus crucetas, mecanismos de dirección y carrocerías. Los autos presentados en Enero de 1912 se ofrecían en dos versiones de motor: Normal de 12 HP y Sport de 15 HP, en tanto las carrocerías que sólo disponían de una puerta lateral delantera, estaban disponibles en las versiones Doble Phaeton y Lanadaulet. El precio base para los modelos con motor de 12 HP eran de 6.000 pesos y podían ser financiados íntegramente en cuotas de 200 pesos.

Lamentablemente el público argentino desconfiaba de la calidad de los Anasagasti y se inclinaba por los autos europeos, a pesar de su mayor precio. La mayoría de los Anasagasti terminaron como taxis en la ciudad de Buenos Aires.
 

Un hombre de bien

Si sus conocimientos técnicos hacían del Ingeniero Anasagasti un hombre respetable, sus condiciones humanas lo convertían en un ser excepcional. Las condiciones sociales, humanas y económicas del personal de su empresa eran excelentes, a tal punto que muchos de los beneficios otorgados por Anasagasti a sus obreros, se convirtieron en ley muchos años después. Los salarios eran los mas elevados de la época. La jornada laboral no superaba las ocho horas y en el verano cada operario tenía en su lugar de trabajo un ventilador. Además el establecimiento poseía una fuente con refrescos para uso del personal.

Dos razones conspiraron contra la continuidad de la empresa. Por un lado, dificultades financieras producidas por el retraso en los pagos de los compradores que optaron por el pago en cuotas. Por otro, el estallido de la Primera Guerra Mundial terminó con el envío de los insumos importados de Europa y reemplazarlos localmente fue imposible debido a la falta de materia prima. Luego de fabricar un centenar de autos la fábrica cerró sus puertas en 1915. Anasagasti tenía entonces sólo 35 años. Su personal a modo de agradecimiento por el trato recibido, continuó trabajando sin cobrar salarios hasta 1916 cuando Anasagasti decide finalmente liquidar la sociedad.

Del medio centenar de autos producidos sobrevivieron dos, uno está en poder del Club de Automóviles Clásicos de Argentina y el otro pertenece a la Fuerza Aerea Argentina. Este último se encuentra en exhibición en el Museo Aeronáutico de la Base Militar de Morón, provincia de Buenos Aires.

 
 
     
   
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